Suele empezar igual. Algo desestabiliza a las dos personas: una respuesta seca, un plan cancelado, el cansancio de una semana dura. Para alguien con estilo ansioso, lo más importante en ese momento es volver a conectar: hablarlo y oír que todo está bien, ahora y no mañana. Una persona con estilo evitativo necesita lo contrario: apartarse y resolverlo a solas hasta que se le pase. Cada persona hace lo que le ayuda a calmarse.
El problema es que cada movimiento toca justo el punto sensible de la otra persona. A quien se aleja, una cadena de preguntas y mensajes le suena a presión, así que se retira todavía más. A quien busca, ese silencio le parece un enfriamiento, y por eso insiste con más fuerza. Al cabo de unas cuantas vueltas, la discusión ya no trata de la respuesta seca, sino del ciclo en sí: “nunca me escuchas” frente a “no me dejas ni respirar”. Muchas parejas lo describen como una trampa, o como un juego del gato y el ratón. En la investigación sobre parejas se conoce como patrón demanda-retirada.
La investigación encuentra este patrón bastante más a menudo cuando al menos una persona de la pareja tiene un apego inseguro. En una encuesta a 147 parejas, esas parejas describían más diferencias en la cercanía que quería cada persona, y más comunicación de demanda y retirada, que las parejas en las que las dos personas tenían un apego seguro (Millwood y Waltz, 2008). En otro estudio, las parejas con inseguridad por ambas partes eran las que más demanda-retirada y evitación mutua describían, y aquellas con dos estilos seguros, las que más comunicación constructiva tenían (Domingue y Mollen, 2009).
