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Apego ansioso y evitativo: el ciclo de buscar y alejarse

Cuando un estilo ansioso se encuentra con uno evitativo, las discusiones en pareja suelen seguir el mismo guion: una persona se acerca, la otra se retira y, sin quererlo, cada una aleja más a la otra. Aquí verás cómo funciona ese ciclo, qué dice la investigación sobre estas parejas y cómo frenarlo.

Por el equipo editorial de ECRtest · Actualización: 18 de octubre de 2026 · 11 min de lectura

Lo esencial

  • Con estrés de por medio, una persona necesita cercanía y la otra, espacio: así arranca el ciclo.
  • ¿Se atraen el estilo ansioso y el evitativo? Los estudios no dan una respuesta única.
  • Esta combinación tiene salida: las etiquetas de estilo no predicen cómo acabará una relación.
  • El ciclo se calma cuando las pausas se anuncian de antemano y las peticiones son suaves y directas.

Cómo se pone en marcha el ciclo

Suele empezar igual. Algo desestabiliza a las dos personas: una respuesta seca, un plan cancelado, el cansancio de una semana dura. Para alguien con estilo ansioso, lo más importante en ese momento es volver a conectar: hablarlo y oír que todo está bien, ahora y no mañana. Una persona con estilo evitativo necesita lo contrario: apartarse y resolverlo a solas hasta que se le pase. Cada persona hace lo que le ayuda a calmarse.

El problema es que cada movimiento toca justo el punto sensible de la otra persona. A quien se aleja, una cadena de preguntas y mensajes le suena a presión, así que se retira todavía más. A quien busca, ese silencio le parece un enfriamiento, y por eso insiste con más fuerza. Al cabo de unas cuantas vueltas, la discusión ya no trata de la respuesta seca, sino del ciclo en sí: “nunca me escuchas” frente a “no me dejas ni respirar”. Muchas parejas lo describen como una trampa, o como un juego del gato y el ratón. En la investigación sobre parejas se conoce como patrón demanda-retirada.

La investigación encuentra este patrón bastante más a menudo cuando al menos una persona de la pareja tiene un apego inseguro. En una encuesta a 147 parejas, esas parejas describían más diferencias en la cercanía que quería cada persona, y más comunicación de demanda y retirada, que las parejas en las que las dos personas tenían un apego seguro (Millwood y Waltz, 2008). En otro estudio, las parejas con inseguridad por ambas partes eran las que más demanda-retirada y evitación mutua describían, y aquellas con dos estilos seguros, las que más comunicación constructiva tenían (Domingue y Mollen, 2009).

Lo que siente cada persona

Desde fuera, el ciclo parece la terquedad de dos personas. Desde dentro, cada una está convencida de que solo se protege, y en cierto modo cada una tiene razón.

  1. Quien busca. Para quien busca, el silencio enciende una alarma: si la otra persona se calla, algo debe de ir mal. Ningún mensaje nuevo pretende atacar: es un intento de volver a sentir el vínculo. Cuanto más dura el silencio, más crece la ansiedad y más afiladas salen las palabras, pero debajo sigue estando la misma petición: “Dime que estamos bien”.

  2. Quien se aleja. Para quien se aleja, la presión es que le pidan que explique lo que siente antes de poder ponerlo en palabras, o que la ansiedad ajena le caiga encima. Una pausa le da tiempo para serenarse y aclarar lo que piensa. Alejarse no significa “no me importa”. A menudo una persona se aparta justo porque le importa y todavía no sabe qué decir.

Aquí no hay culpables. Las dos personas quieren lo mismo: volver a sentir calma. Solo que llegan por caminos opuestos, y esa es la verdadera dificultad de esta pareja.

La tensión la sienten las dos personas, también la que calla

Un estudio sugiere que este ciclo también se nota en el cuerpo, no solo en las palabras. Parejas recién casadas se preparaban para hablar de un conflicto mientras se medía su cortisol, una hormona del estrés. Cuando la mujer tenía un estilo ansioso y el hombre uno evitativo, el cortisol subió con fuerza en las dos personas mientras aún esperaban a que empezara la conversación, y luego bajó rápido (Beck et al., 2013). A quien tenía el estilo ansioso le costaba ver que la otra persona también sufría, y a quien tenía el evitativo, buscar apoyo en su pareja.

Una advertencia: en la combinación inversa, con el hombre de estilo ansioso y la mujer de estilo evitativo, ese pico no se repitió, así que conviene no generalizar los resultados a todas las parejas. Pero no hace falta un laboratorio para ver lo principal: las dos personas están alteradas, y una lo muestra acercándose mientras la otra lo muestra alejándose. Quien está en silencio en la habitación de al lado a menudo sufre tanto como quien manda el quinto mensaje seguido.

¿Se atraen de verdad el estilo ansioso y el evitativo?

La psicología popular suele afirmar que estos dos estilos acaban encontrándose sin remedio. Los datos son más prudentes. En un estudio longitudinal con 354 parejas, los estilos no se emparejaban al azar: ninguna pareja estaba formada por dos personas de estilo ansioso ni por dos de estilo evitativo (Kirkpatrick y Davis, 1994). Pero otra serie de estudios no encontró ninguna señal de que el estilo ansioso y el evitativo se atraigan. Si acaso, las personas de estilo ansioso tendían a rechazar el estilo evitativo (Frazier et al., 1996).

Así que la respuesta honesta es que depende de la muestra y de si se estudiaron parejas reales o las elecciones de las personas en un experimento. Nada apunta a una regla de “los polos opuestos se atraen”. Lo que sí tiene sentido es que, al principio, las cualidades de cada persona puedan resultarle atractivas a la otra: a quien tiende al estilo ansioso pueden atraerle la calma y la independencia de la otra persona, y a quien tiende al evitativo, la calidez y la iniciativa. El ciclo suele aparecer más tarde, a medida que la relación se estrecha y llegan los primeros desacuerdos serios.

Durar no es lo mismo que ser feliz

En internet circulan dos mitos opuestos: que estas parejas no tienen salida y que son la combinación más estable de todas. El segundo viene de un estudio en el que dos grupos tuvieron sorprendentemente pocas rupturas en tres años: los hombres con estilo evitativo y las mujeres con estilo ansioso (Kirkpatrick y Davis, 1994). Pero ese resultado describe a cada grupo por separado, no a parejas formadas por una persona de estilo ansioso y otra de estilo evitativo. Y seguir en la relación no es lo mismo que sentir satisfacción: quienes participaron valoraban bastante mal estas relaciones.

El primer mito tampoco se sostiene. En un gran estudio con 1014 parejas, la combinación de la ansiedad de una persona y la evitación de la otra no tuvo un efecto propio sobre la satisfacción ni sobre la estabilidad. Lo que importaba era cuánto puntuaba cada persona en ansiedad y en evitación (Conradi et al., 2021). El propio artículo advierte que eso no le quita importancia al ciclo de demanda y retirada. Aun así, si el estilo ansioso y el evitativo son compatibles en una pareja concreta, no lo deciden las etiquetas: mucho depende de lo que hagan las dos personas cuando el ciclo arranca.

Qué ayuda a romper el ciclo

Si te preguntas cómo hacer que funcione, este es el hallazgo más esperanzador de la investigación con parejas: lo que hace una persona puede rebajar las reacciones defensivas de la otra (Simpson y Overall, 2014). En observaciones de 180 parejas en las que una persona pedía a la otra que cambiara algo, quienes tenían un estilo evitativo se enojaban menos y se retiraban menos en los momentos en que la petición llegaba con suavidad, con respeto por su independencia y con una señal clara de que se les valoraba (Overall et al., 2013).

  1. Di cuándo vas a volver. Quien necesita apartarse dice de antemano cuándo volverá: “en una hora” o “mañana por la mañana”. La otra persona sabe que la conversación se aplazó, no se canceló, y la espera se hace más llevadera.

  2. Un comienzo suave. Empieza por lo que sientes y por un momento concreto: “El sábado me sentí lejos de ti” en lugar de “nunca tienes tiempo”. Así, a quien tiende al estilo evitativo le cuesta menos seguir en la conversación sin ponerse a la defensiva.

  3. Pequeñas señales de contacto. Un breve “¿Cómo va el día?” a mitad de la jornada, la promesa de hablar por la noche. Para quien tiende al estilo ansioso son un punto de apoyo, y a quien tiende al evitativo le cuestan muy poco.

  4. Trabaja tu parte. A la persona con estilo ansioso le sientan bien formas de calmarse que no pasen todas por la relación: las amistades, los intereses propios, las rutinas conocidas. A la persona con estilo evitativo le ayuda practicar la apertura en pequeñas dosis, como compartir algo que todavía no tiene resuelto.

Y una regla por encima de todas: hablar del ciclo en frío, cuando no está en marcha. En plena discusión, cualquier explicación suena a reproche, pero las mismas palabras un día después se reciben de forma muy distinta.

Preguntas para una noche tranquila

Guarda estas preguntas para una noche cualquiera, cuando no haya tensión en el aire ni ganas de salirse con la suya. Se responde por turnos, y las respuestas de la otra persona no se discuten, aunque sorprendan: se trata de ver cómo es el ciclo desde el otro lado.

  • “¿Qué se te suele pasar por la cabeza cuando tardo mucho en contestar?”
  • “¿Qué cosas que digo te suenan a presión?”
  • “¿Cuánto tiempo necesitas para calmarte después de una discusión?”
  • “¿Cómo sabré que la pausa terminó y podemos retomar la conversación?”
  • “¿Qué te ayuda a sentir que estoy contigo, aunque no estemos cerca?”
  • “¿Qué discusión se nos repite una y otra vez, y cómo suele empezar?”

Las respuestas serán útiles la próxima vez que empiece el ciclo. En lugar de adivinar, tendrás palabras dichas con calma y acuerdos a los que volver en un momento difícil.

Cuándo tiene sentido buscar ayuda

Si el ciclo dura ya meses y las dos personas están agotadas, vale la pena plantearse la terapia de pareja. Uno de los enfoques más estudiados, la terapia focalizada en las emociones (EFT), nació de la teoría del apego y trabaja directamente con ciclos como este. Un metaanálisis que reunió 20 estudios encontró que, en promedio, las parejas mejoraban bastante a lo largo de la terapia (Spengler et al., 2024). Otros enfoques también pueden funcionar, siempre que ambas personas estén a gusto en la consulta.

Si tu pareja todavía no quiere ir, puedes empezar con terapia individual: una sola persona también puede cambiar su parte del ciclo.

Y hay un límite que importa más que cualquier estilo, en cualquier pareja. La humillación, las amenazas, el control o la violencia no se explican por el estilo de apego, ni son un “ciclo” que haya que entender y aceptar. Si te está pasando, lo primero es tu seguridad: habla con personas de confianza o llama a una línea de ayuda.

Preguntas frecuentes

  1. ¿Puede ganar seguridad una pareja con apego ansioso y evitativo?
    Sí, y la propia relación puede ser el lugar adecuado para que ocurra. Un modelo teórico propone que la ansiedad baja en situaciones que refuerzan la confianza de una persona, y la evitación, cuando apoyarse en alguien cercano resulta seguro y gratificante (Arriaga et al., 2018). Todavía es una hipótesis, pero recoge bien lo que gana una pareja con las promesas cumplidas y con pausas que no se convierten en desapariciones. Más sobre cómo se transforma el estilo de apego con los años.
  2. ¿Cómo saber cuál de las dos personas tiende a la ansiedad y cuál a la evitación?
    Lo más fiable es que cada persona haga el test. Mide la ansiedad y la evitación por separado, y a menudo resulta que una persona puntúa alto en los dos ejes, o en ninguno. Entonces el patrón de la pareja es más complejo que buscar y alejarse. La conducta también da pistas: en una discusión, ¿quién sigue escribiendo e insistiendo en hablar, y quién se calla y se va? Pero eso es una observación, no el resultado de un test.
  3. Si nos reconocemos en este ciclo, ¿tenemos que terminar la relación?
    Reconocerse en este ciclo no significa que la relación no funcione. Significa que hay un problema con nombre en el que se puede trabajar: acordar cómo serán las pausas, cambiar la forma de empezar las conversaciones difíciles, ir a terapia. Seguir o no en la relación es una decisión de las dos personas, basada en la relación en su conjunto y no en una combinación de estilos. Si al lado de tu pareja sientes miedo o humillación, lo primero es tu seguridad.
  4. ¿Se puede romper el ciclo si solo lo intenta una persona?
    Hasta cierto punto, sí. El ciclo es cosa de dos, así que cuando una persona cambia su forma de reaccionar, a la otra le resulta más fácil responder de otra manera. En observaciones de parejas, una petición suave reducía bastante el enojo y la retirada de una persona con estilo evitativo (Overall et al., 2013). Pero una relación que durante años se sostiene con el esfuerzo de una sola persona agota. Fíjate en cuánta energía te cuesta y dilo en voz alta.

Fuentes (10)

  1. Arriaga X. B., Kumashiro M., Simpson J. A., Overall N. C. (2018). Revising working models across time: Relationship situations that enhance attachment security. Personality and Social Psychology Review, 22(1), 71-96.
  2. Beck L. A., Pietromonaco P. R., DeBuse C. J., Powers S. I., Sayer A. G. (2013). Spouses’ attachment pairings predict neuroendocrine, behavioral, and psychological responses to marital conflict. Journal of Personality and Social Psychology, 105(3), 388-424.
  3. Conradi H. J., Noordhof A., Kamphuis J. H. (2021). Satisfying and stable couple relationships: Attachment similarity across partners can partially buffer the negative effects of attachment insecurity. Journal of Marital and Family Therapy, 47(3), 682-697.
  4. Domingue R., Mollen D. (2009). Attachment and conflict communication in adult romantic relationships. Journal of Social and Personal Relationships, 26(5), 678-696.
  5. Frazier P. A., Byer A. L., Fischer A. R., Wright D. M., DeBord K. A. (1996). Adult attachment style and partner choice: Correlational and experimental findings. Personal Relationships, 3(2), 117-136.
  6. Kirkpatrick L. A., Davis K. E. (1994). Attachment style, gender, and relationship stability: A longitudinal analysis. Journal of Personality and Social Psychology, 66(3), 502-512.
  7. Millwood M., Waltz J. (2008). Demand-withdraw communication in couples: An attachment perspective. Journal of Couple & Relationship Therapy, 7(4), 297-320.
  8. Overall N. C., Simpson J. A., Struthers H. (2013). Buffering attachment-related avoidance: Softening emotional and behavioral defenses during conflict discussions. Journal of Personality and Social Psychology, 104(5), 854-871.
  9. Simpson J. A., Overall N. C. (2014). Partner buffering of attachment insecurity. Current Directions in Psychological Science, 23(1), 54-59.
  10. Spengler P. M., Lee N. A., Wiebe S. A., Wittenborn A. K. (2024). A comprehensive meta-analysis on the efficacy of emotionally focused couple therapy. Couple and Family Psychology: Research and Practice, 13(2), 81-99.

Consultado el 9 de octubre de 2026

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