El psiquiatra británico John Bowlby describió el apego como un sistema innato: ante el miedo, una persona busca la cercanía de quien puede protegerla y a su lado se siente a salvo (Bowlby, 1969). En la primera infancia ese papel suele corresponder a los padres; en la vida adulta lo asumen la pareja, las amistades cercanas y, muchas veces, también los padres. El sistema se activa con más fuerza ante el estrés, la enfermedad o una separación.
Un estilo de apego describe la manera habitual en que alguien pone en marcha ese sistema. A unas personas les resulta fácil pedir apoyo y, con la misma facilidad, pasar tiempo a distancia; otras temen que las dejen; otras prefieren resolverlo todo a solas. Estos hábitos nacen de la experiencia, y la psicología los estudia desde Bowlby, hace ya más de medio siglo. No hay que confundirlos con la personalidad: tienen relación con los cinco grandes rasgos, pero moderada (Noftle y Shaver, 2006), y una persona muy extrovertida puede tener un estilo evitativo.
Una aclaración sobre la infancia: el apego infantil se estudia con otros métodos, y sus categorías no se corresponden una a una con los estilos adultos. Tampoco hay que confundir un estilo con un trastorno de apego reactivo, un diagnóstico infantil ligado a una falta grave de cuidados; un test en línea no diagnostica nada. A partir de aquí, esta página habla de personas adultas y de cómo funciona el sistema de estilos.
